
Como periodista Palestino que se encuentra desolado por el holocausto que el Ejército Israelí está perpetrando contra nosotros, no encuentro palabras para expresarme. La lista de horrendos crímenes cometidos por el Ejército Israelí contra los Palestinos es interminable y los crímenes son incontables.
¿Debería escribir sobre los 45 evacuados que fueron masacrados en su refugio de la escuela administrada por la ONU en Al-Fakhoura? ¿Debería escribir sobre el crimen más horripilante, cuando personal de la Cruz Roja encontró a cuatro niños hambrientos que habían pasado cuatro días con los cadáveres de de sus madres y de otros familiares en las ruinas de una casa en el vecindario de Al-Zeitoun?
¿Debería hablar de la matanza masiva de la familia Al-Dayaa, cuando 15 de sus miembros fueron asesinados a cuando una bomba "inteligente" cayó sobre su edificio de cinco pisos?
¿Y que tal del sadístico crimen cometido cuando un padre de la familia Al-Samuni fue ejecutado frente a su esposa e hijos? ¿O de la carnicería cometida contra la familia Al-Samuni en su extensión, cuando 29 de los miembros del clan fueron concentrados en una casa que fue bombardeada y que colapsó sobre ellos, matándolos a todos?
Éste y muchos otros crímenes ya han sido documentados por Amnistía Internacional y otras instituciones de los derechos humanos. Muchas más historias aún no han sido contadas. Puedo relatarles una con mis propias palabras y con mi propia cámara, la de Louay Sobeh, de 8 años de edad. El pequeño Louay no podía saber lo que esta guerra le tenía deparado a él o para su familia.
Hace una semana, Louay y su familia huyeron de su casa ubicada en el pueblo de Beit Lahiya, al norte de Gaza. Se encontraban bajo un intenso fuego de la artillería Israelí al tiempo que el Ejército Israelí invadía el área, al inicio de la operación militar terrestre Israelí. Afligido, Louay empezó a narrar lo que había presenciado:
"Misiles israelíes empezaron a llover al lado de mi casa, al norte de Gaza. Los cohetes se empezaron a acercar cada vez más a mi casa y muchas personas murieron asesinadas. Mi casa recibía astillas y partes metálicas de los cohetes. Entonces, mi abuela y mi familia huímos a Jabaliya, donde nos refugiamos en una de las escuelas de la ONU. Nos quedamos allí tres días y hacía mucho, mucho frío. Cuando huímos de nuestra casa en la noche no llevamos ningún equipaje ni ropa ni comida con nosotros. Mi padre, hermano, y otros miembros de la familia decidieron regresar a nuestra casa en el norte para traer algo de ropa y comida. Salimos en carro, temprano en la mañana. Entonces, de repende, las personas que estaban cerca a nuestro carro empezaron a correr en todas direcciones. Oí explosiones y sentí que mi cuerpo volaba por los cielos. Y luego me encontraba en el hospital."
El bombardeo Israelí al carro del padre de Louay mató a uno de sus hermanos e hirió a otros. Lo más impactante es que Louay aún no sabe que ha perdido la vista por completo. ¡Nunca podrá volver a ver la luz! Su abuela se encontraba junto a él tratando de reconfortarlo. Aún no sabe que su hermano murió asesinado.
Antes de dejar su habitación, Louay me dijo, "esperos que vuelvas a visitarme para que grabes y fotografíes el lugar donde el carro fue impactado. También reconstruiré la escena de cómo volé. Pero necesito que me ayudes a recuperarme rápido para que pueda volver al colegio y jugar con mis amigos. No sé si sigan vivos o no."
Me impresionó su talento y me sentí conmovido por sus palabras. Es muy brutal cuando un niño como Louay se convierte en una víctima sin razón alguna. Debe haber una forma para que Louay y todos los niños de Palestina tengan paz y descanso, en lugar del fuego e infierno que han presenciado.
Louay es uno de los afortunados: se espera que sea trasladado a Arabia Saudita para recibir tratamiento médico subvencionado por el rey Saudí. Para muchos niños esa ayuda llega muy tarde y tampoco le devolverá la luz a los ojos de Louay.


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